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Temas de Interés - Detalle

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Publicación del Estudio. Situación de la RSE en Latinoamérica: Hacia un Desarrollo Sustentable (Resumen Ejecutivo)

Según estudio coordinado por Vincular y en el que participaron diez instituciones de América Latina, se pudo constatar que existen distintos niveles de adopción de la temática y que muchos países aún asocian RSE a filantropía.

El estudio “Situación de la Responsabilidad Social Empresarial en América Latina: Hacia un desarrollo sustentable”, demostró que en Latinoamérica coexisten variados matices respecto a la Responsabilidad Social Empresarial (RSE), en directa relación a las prácticas corporativas más recurrentes, historia local, nivel de exigencia de los consumidores, etc.

A través de esta investigación, realizada por diez instituciones de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, El Salvador, México, Panamá, Perú y Uruguay, miembros de la Red Interamericana de RSE, fue posible comprobar que el sector privado, ha ido tomando conciencia de la necesidad de preocuparse por responder a las necesidades sentidas de la población y contribuir a aumentar su calidad de vida, pues requieren de sociedades estables para producir y prosperar. De ello puede dar fe el empresariado argentino, que después de la profunda crisis que sacudió al país a fines del 2001, ha comenzado a preocuparse por el ejercicio de su responsabilidad social, involucrándose crecientemente en temas asociados a vulnerabilidad o debilidad, especialmente en lo que se refiere a pobreza.

Situación similar es la que se vive en El Salvador, donde la reconstrucción de la sociedad después de 36 años de guerra interna ha contado con el profundo compromiso de los empresarios, que se traduce en numerosas acciones destinadas a reducir la pobreza y a mejorar las condiciones de vida.

Esta misma tendencia se observa en el resto de los países analizados, lo que demuestra que aún prevalece un enfoque filantrópico, que tienen sus orígenes, principalmente, en una fuerte influencia de la religión católica.

No obstante, existen países que demuestran significativos avances en materia de adopción del concepto de RSE, asociado a mayor calidad y competitividad, como es el caso de Brasil y Chile. Esto, básicamente, como consecuencia de presiones o incentivos de mercado (tratados comerciales, exigencias de clientes), como también una mayor conciencia de los beneficios que generan la estabilidad y la paz social.

Por otra parte, destaca la asociación del concepto RSE a calidad de vida laboral, lo cual es aún más evidente en el caso chileno. Desde el año 2002 la encuesta Mori sobre RSE indica que los chilenos piensan que condición necesaria para declarar a una compañía como socialmente responsable es la preocupación por la calidad de vida de sus trabajadores.

Un desafío fundamental resulta ser la plena incorporación de las PyMEs a la RSE, las que juegan un rol fundamental en la economía y sociedad de la región, especialmente como fuentes de empleo y generadoras de riqueza. Se encuentran en desarrollo algunas iniciativas de sensibilización en este sector, en El Salvador y Uruguay.

Cabe destacar al Banco Interamericano de Desarrollo, que a través del Fondo Multilateral de Inversiones, está impulsando una serie de proyectos en la región, tendientes a instalar la RSE en las PyMEs, dentro del cual destaca el proyecto “Adopción de la RSE en las PyMEs en Chile”, ejecutado por Vincular con el apoyo de los principales gremios empresariales del país, dentro de los que se encuentra SOFOFA y que a la fecha ha permitido que 35 PyMEs chilenas estén adoptando este enfoque de negocios.

Los primeros resultados son alentadores, lo que está contribuyendo a derribar el mito de que la RSE es una temática exclusiva de las grandes empresas.

Otro organismo multilateral que ha contribuido al desarrollo del movimiento de la RSE en Latinoamérica es la Organización de las Naciones Unidas, que mediante su Pacto Global ha logrado la adhesión a los principios que promueve de empresas brasileñas, panameñas y chilenas.

En este contexto, es posible reconocer que no sólo el rol de la empresa ha cambiado en la sociedad. El gobierno y la sociedad civil también están tomando conciencia de la necesidad de trabajar mancomunadamente con las empresas a fin de alcanzar el desarrollo. Se tiende a instalar cada vez mejor el concepto de las alianzas de colaboración público-privada.

No obstante, aún es lenta la concientización del consumidor de la región, en comparación con los ciudadanos de países desarrollados. Por ello, el impulso de esta temática en América Latina viene dado principalmente por las demandas de estándares de RSE de los mercados del Primer Mundo.

Una señal de mercado muy relevante es el desarrollo de la Norma ISO 26000 de Responsabilidad Social, que permitirá hacer converger la multiplicidad de estándares existentes y facilitar su implementación en las empresas. La Red Interamericana de RSE cumple un rol relevante en este proceso, ya que participa como institución experta, contribuyendo a expresar la voz del continente ante esta nueva ISO.

Si bien los avances son alentadores, queda mucho camino por recorrer. Existen y se visibilizan iniciativas exitosas que dan cuenta de los beneficios que conlleva la adopción de RSE, también se cuenta con instituciones que apoyan su desarrollo, las cuales se han unido con sus pares latinoamericanos para desarrollar iniciativas conjuntas, como esta investigación, lo que permite vislumbrar un creciente avance de esta temática.

Resumen de cada país
A continuación se presentan los informes resumidos de los diez países Latinoamericanos participantes en este estudio, bajo la autoría de IARSE (Argentina), Instituto Ethos (Brasil), Universidad Javeriana (Colombia), Centro Internacional para el Desarrollo Humano (Costa Rica), Fundemás (El Salvador), Escuela de Graduados Tec de Monterrey (México), Excelencia Empresarial (Panamá), Universidad del Pacífico (Perú) y Deres (Uruguay).

Argentina: un país que despierta a la RSE
La RSE en Argentina fue impulsada por la crisis socioeconómica, política e institucional que sacudió al país a fines del 2001. A partir de entonces algunas compañías y emprendedores comenzaron a reflexionar acerca del rol que les competía cumplir en la sociedad. Incluso en algunas ciudades comenzaron a crearse organizaciones abocadas a la promoción, difusión y práctica de la RSE.

Este movimiento de adopción de RSE ha ido fortaleciéndose en el tiempo. La ciudadanía está haciendo explícita la falta de confianza en las instituciones y su reclamo de transparencia para todos los sectores. Además, ya no sólo demandan calidad en productos y servicios, sino también una gestión responsable frente al medio ambiente y la sociedad.

Un estudio de opinión realizado el año 2002, sobre una muestra de 500 personas indicó que un 86% de la población le importa que las empresas tengan un comportamiento socialmente responsable, un 87 % estaría dispuesto a cambiar de marca por productos de compañías que gestionan con criterios de RSE y un 53% pagaría un precio levemente superior por dichos bienes y servicios.

Pero no todos los actores del país poseen el mismo acercamiento con la temática. En el sector público aún es baja la comprensión del concepto de RSE en su integridad, pese a que surgen de su parte buenas prácticas como el otorgar beneficios o exenciones a las firmas socialmente responsables.

Poco a poco, la RSE se va instalando en ámbitos empresariales: numerosas firmas ya implementan acciones específicas; otras ejecutan programas sostenidos a lo largo del tiempo; las más interiorizadas procuran adquirir mayores conocimientos e instrumentos a fin de profesionalizar su gestión; algunas inclusive han creado gerencias o áreas especiales al interior de sus compañías para que se aboquen específicamente al tratamiento del tema.

Por otro lado, la sociedad civil está respondiendo y reorganizando sus actividades en función de la realidad que los problemas sociales generan, adquiriendo cada vez mayor protagonismo en la promoción de acciones de compromiso con el entorno social, a la vez que exigen “rendición de cuentas” a las empresas.

En este sentido, un gran desafío para el país está en sumar en el proceso de adopción de RSE a todos los actores de la sociedad, para crear un clima favorable de promoción y adopción de esta temática en empresas de todos los tamaños. La premisa es que la RSE se transforma en un punto de inflexión para generar -desde los diversos sectores que conforman la sociedad- un genuino cambio cultural que permite acceder a significativos beneficios y oportunidades de crecimiento para todos, con miras a lograr un país sustentable, justo y equitativo.
 



Brasil: compromiso con el desarrollo sustentable

La RSE en Brasil se fortalece y gana dimensiones más concretas en la década del 90, cuando grupos de empresarios, ejecutivos, consultores y representantes de ONGs comienzan a movilizarse, debatiendo en torno al tema, estimando sus primeras implicancias y evaluando sus contribuciones potenciales.

A pesar de que el impulso de la RSE no surge por influencia del gobierno como en otros continentes, este sector está conciente de los problemas sociales que vive el país, pero también está claro que para resolverlos no basta la implementación de buenas políticas sociales, sino que es necesario adoptar un modelo de desarrollo incluyente y sustentable a lo largo del tiempo.

En el universo empresarial, se observan relevantes cambios en la forma de gestión de las compañías brasileñas. Es creciente el número de empresas que adoptan voluntariamente criterios de RSE como catalizador de las relaciones comerciales del mercado.

Existen casos de éxito de RSE en el mercado financiero, considerados benchmark a nivel nacional e internacional. Además hay creciente adhesión a modelos e iniciativas de Responsabilidad Social y sustentabilidad: 73 empresas certificadas en SA 8000, 150 empresas signatarias del PNUD, 10 empresas utilizan las directrices del GRI para elaborar sus reportes de sustentabilidad y 442 responden a los Indicadores Ethos, herramienta que también ha sido adoptada por otros países de América Latina. A nivel de país Brasil ha actuado como promotor de las Metas del Milenio de la ONU a través de acciones de diseminación y publicaciones.

Por otro lado, a través de la sociedad civil organizada, las temáticas sociales y ambientales han ido ganando una nueva y sólida base. Las estadísticas indican que el número de ONGs presentó un crecimiento significativo en la última década, triplicándose entre 1996 y 2002. Entre las ONGs dedicadas a la RSE destaca el Instituto Ethos de Empresas y Responsabilidad Social y Foro Social Mundial.

Además, Brasil cuenta con una destacada posición internacional en el campo de la normalización de la RS. En el año 2002 el órgano oficial de normalización nacional (ABNT) creó el Grupo Tarea sobre RS, para producir y diseminar los conceptos relativos a la gestión de RSE y sus herramientas en Brasil. La comisión también representa la posición brasileña en el foro de discusión internacional de la norma ISO RS. Los trabajos de esta comisión implicaron la creación de una norma de RSE brasileña, una de las pocas normas nacionales de RSE en el mundo. El reconocimiento al liderazgo de ABNT y a los avances en el campo de la RSE, contribuyeron a que la Asociación fuese electa conjuntamente con la entidad normalizadora de Suecia - Swedish Standard Institute (SIS) - para presidir de forma compartida el Grupo de Trabajo de ISO RS, responsable de coordinar el proceso de desarrollo de la futura norma internacional ISO 26000 de Responsabilidad Social Empresarial.

Pese a la relevancia de los avances y de las señales de que se camina en la dirección correcta, aún queda mucho por hacer. Bajo este contexto se torna imprescindible el fortalecimiento de las acciones conjugadas entre el sector productivo, la sociedad civil y los organismos multilaterales para que la velocidad de las transformaciones necesarias sea alcanzada y efectivamente proporcione un mundo mejor para todos.
 
Chile: la RSE empieza por casa
En 1920 comienzan a vislumbrarse algunas acciones de RSE orientadas a la filantropía y desligadas de la estrategia empresarial. Pero la globalización de la economía, la liberalización de los mercados y una sociedad más exigente, hicieron evolucionar el tema hacia una respuesta y compromiso más sistemático con la sociedad. Así, desde la década del 90, la RSE ha comenzado a entenderse como una visión de negocios y a cobrar relevancia e interés, desde una perspectiva más proactiva, donde representantes de cada sector de la sociedad comienzan a entender que no son independientes del resto.

La ciudadanía comienza a familiarizarse con el tema y pese a que consideran que su adopción no es del todo generalizada, y que la visión de los empresarios debe cambiar por un enfoque sustentable, dan reconocimiento a compañías que se preocupan del impacto de sus operaciones en la sociedad y que orientan su gestión a un alineamiento de sus objetivos con los requerimientos de su entorno. Esta situación es avalada por el estudio internacional MORI 2005 "Responsabilidad Social Corporativa", cuyos resultados indican que el 55% de los consumidores piensa que una empresa vende más productos si es socialmente responsable, destacando la percepción de que la condición necesaria para declarar a una compañía como socialmente responsable es su preocupación por la calidad de vida de sus trabajadores.

Por su parte, el Estado percibe la RSE como una temática abordada más ampliamente por países desarrollados y no ha llegado a consenso sobre cuánta incidencia puede tener y cuán activo debe ser su rol en esta materia.

Sin embargo, existen destacadas iniciativas de RSE impulsadas por el gobierno, entre las que destaca el apoyo a proyectos destinados a desarrollar instrumentos de gestión de RSE para mejorar la competitividad de las empresas, incluyendo a las PyMEs, la relación con gremios empresariales para llegar a acuerdos en temas medioambientales y de apoyo a la comunidad, como los Acuerdos de Producción Limpia (APL) y el programa de Buenas Prácticas Agrícolas (BPA).

En cuanto al sector empresarial, la RSE está pasando a constituir una base para una respuesta y compromiso más sistemático con los grupos de interés. Hay creciente adhesión de empresas a modelos e iniciativas mundiales de RSE: 7 compañías chilenas emiten reportes de sostenibilidad bajo la modalidad del GRI, 8 están suscritas al Pacto Global de la ONU, 1671 lo están a los APL, 1200 han adoptado programas de BPA, 7.322 están involucradas en formación dual, educación teórico - práctica, donde la fase práctica es realizada en empresas.

Por su parte, la sociedad civil ejerce un creciente escrutinio sobre las empresas y observa la RSE como una posibilidad para superar el subdesarrollo, mediante el aumento de la calidad de vida y el mejoramiento de la imagen del país.

Pese a que este sector puede representar un rol activo en la promoción de la RSE, aún mantiene un enfoque asistencial de la RSE. Sin embargo, dentro de este segmento, destaca la academia, desde donde surgen iniciativas de participación en temas de RSE y una declaración de necesidad de sinergia con otros actores como el gobierno nacional y local.
 
Colombia: de la filantropía a la estrategia

La RSE no es un tema nuevo en Colombia. Hace varias décadas los empresarios la aplican a través de acciones filantrópicas para cumplir con su cuota de retorno a la sociedad. Pero la evolución del concepto y las prácticas han hecho que esta temática comience a integrarse en la estrategia de negocio de diferentes empresas, quienes comienzan a volcar la atención en sus grupos de interés y a desarrollar prácticas que los involucran de manera integral a sus objetivos de negocio.

Las condiciones de vida en el país han llevado a crear consumidores poco exigentes que no se preocupan de la cadena de valor que representa cada producto. La ciudadanía percibe como socialmente responsable a las empresas que realizan aportes económicos para solucionar necesidades básicas de la población. Pero la capacitación, formación, comunicación e institucionalización del concepto, está permitiendo comprender que la RSE va más allá y se está gestando una población capaz de exigir los beneficios de una nueva visión de las relaciones entre empresa y sociedad.

Por parte del gobierno, en las últimas décadas la RSE se ha ido posicionando en su agenda. Son crecientes los esfuerzos que se realizan para impulsar y priorizar el tema: se promueven ambientes de trabajo seguros; se trabaja en una agenda para la productividad y competitividad; las superintendencias adelantan una serie de acciones y programas sobre la RSE; existe un programa presidencial de lucha contra la corrupción; el Ministerio de Comercio dirige el sistema nacional de normalización, acreditación y certificación, dentro del cuál se enmarca la participación en la creación de la norma ISO 26000; y la Superintendencia de Valores se hace cargo de los temas relacionados con Gobierno Corporativo.

Los esfuerzos son muy puntuales y focalizados, pero revelan la clara y manifiesta intención que tiene el gobierno de apoyar la RSE como mecanismo estratégico de desarrollo y crecimiento económico.

En lo que respecta a las empresas, hay una conciencia creciente de que deben ser motor de cambio social. Se considera que ante los problemas graves que tiene la sociedad colombiana de violencia y pobreza, el estado es incapaz de solucionarlos y, por lo tanto, las empresas asumen un papel cada vez más activo.

Un sector que ha jugado un rol importante en la difusión, desarrollo y consolidación de la RSE, es la sociedad civil. Existe una serie de proyectos, ejecutados por ONGs y empresas para dar origen a fundaciones empresariales y corporaciones mixtas de desarrollo. Por otro lado, existe una cantidad considerable de ONGs dedicadas a brindar a la población más marginada programas de nutrición, educación, creación de microempresas y planes de capacitación. También hay entidades académicas que han propiciado discusiones sobre la RSE, desde las verdaderas motivaciones que llevan a una empresa a incorporarla, hasta la generación de modelos que permitan su real implementación.

Cada uno de los actores que componen la sociedad han contribuido al fomento y adopción de la RSE, generando con ello algunos beneficios y oportunidades a nivel de país que se han comenzado a identificar. La RSE se convierte en una ventaja competitiva para las empresas que están ingresando al mercado internacional. Además, políticas claras de RSE generan mayor confianza por parte de inversionistas, productores y consumidores, lo cual resulta un valor fundamental que apunta al fortalecimiento de las redes de capital social, elemento esencial para alcanzar el desarrollo del país.

Costa Rica: los cambios están en camino

Si bien a través del tiempo muchas empresas han contribuido por medio de la filantropía al bienestar de las personas, es posible distinguir dos períodos en la historia de adopción de RSE en Costa Rica. En los años 30, compañías extranjeras invirtieron en infraestructura física y social que les permitieran operar en zonas aisladas de los centros poblacionales de la época. Luego, en la década del 90, aparecieron multinacionales que incluían la RSE en sus políticas corporativas. Desde este segundo período la RSE ha adquirido una importancia creciente; los distintos sectores de la sociedad empiezan a notar que las exigencias derivadas de la globalización, requieren la incorporación de mecanismos e instrumentos que ayuden a mejorar el posicionamiento del país en el mercado global, contexto en el que se reconoce que las empresas deben trascender su papel tradicional hacia uno más activo en la provisión de bienestar social, sin disminuir su rentabilidad.

El incumplimiento de la ley y la falta de un discurso sobre el desarrollo de nuevas leyes y de aplicación de la legislación actual por parte de las empresas han creado un vacío que provoca en la ciudadanía una percepción simple respecto a la RSE, visualizándola principalmente en hechos que afectan directamente a la comunidad. No obstante, existen algunos casos que demuestran un acercamiento de los empresarios a la RSE, bajo un enfoque de fortalecimiento de la comunidad en la que operan. En mayor o menor grado, se encuentran empresas, tanto grandes como PyMEs, que comienzan a ver la importancia de controlar sus impactos para asegurar su sostenibilidad. También han surgido organizaciones que promueven y trabajan conjuntamente para obtener efectos multiplicadores en RSE.

Desde el punto de vista del Estado, sólo algunos ministerios directamente afectados con las tendencias económicas mundiales conocen de la RSE y de sus implicaciones.

También hay ONGs, sindicatos y asociaciones de activistas que trabajan por el replanteamiento del papel y la función que han de desempeñar las empresas. En tanto, la academia considera que la aplicabilidad de prácticas de RSE puede incidir de forma positiva en el desarrollo sostenible del país.

A pesar de que la adopción de RSE no es generalizada, se está conciente de los beneficios que esta práctica genera; brinda a los consumidores la posibilidad de acceder a mejores condiciones de compra, permite a la industria local posicionarse en el mercado, abre paso al diálogo y análisis para el cambio, al desarrollo de guías que aseguren la calidad en la gestión, a normas para asegurar su replicabilidad en el tiempo y a la sostenibilidad de las prácticas.

Se percibe que el cambio cultural ligado a esta temática está en camino, pero que es necesario superar una serie de desafíos: incorporar la RSE como medida para responder a las exigencias de las relaciones comerciales que se establecen a partir de los TLC; garantizar la confianza de consumidores en un esquema de apertura, por parte del gobierno; replantear la forma de hacer negocios, especialmente para PyMEs, comenzando por abordar los problemas relacionados con el cumplimiento de las normas; reforzar la sensibilización y diseminación de información; e incentivar la colaboración estratégica entre sectores productivos, sociales y políticos.

El Salvador: en la ruta hacia la competitividad

La dureza de los 36 años de guerra interna ha generado en el empresariado salvadoreño un compromiso con la reconstrucción del país y ha llevado a comprender que no es posible separar el crecimiento económico del crecimiento social y que la adopción de acciones de RSE en los diferentes procesos productivos es una eficaz herramienta para enfrentar los retos de la competitividad responsable y la sostenibilidad. Esto ha llevado a que hoy se conciba a la RSE como una política que provee bienestar, responsabilidad y competitividad al país.

El tema no ha permeado a todo el empresariado, básicamente por la inexistencia de incentivos por parte del Estado. En este sentido es necesario y prioritario construir un Estado que actúe como actor facilitador para que las empresas adopten políticas y prácticas de RSE.

Los empresarios han comenzado a tomar acciones concretas, pues entienden que las prácticas de RSE son una estrategia que dará mayor valor a sus productos y servicios, y que representa una nueva forma de ser competitivos.

Un estudio realizado por Fundemás y dirigido a 463 empresas indicó que el concepto de RSE se está introduciendo cada vez más en la gestión empresarial: 72,1% de las empresas cumplen con la norma mínima del IFC, la cual establece que su actividad económica está en concordancia con los estándares internacionales para reducción de la pobreza y mejoramiento de las condiciones de vida de la gente; 10.6 % de las empresas nacionales poseen una posición de liderazgo en RSE que les asegura un nivel adecuado de sostenibilidad; muchas poseen un código de ética, que en la mayoría de los casos difunden a sus trabajadores; varias se preocupan de respetar los derechos de sus trabajadores; y la mayoría cuenta con programas de evaluación y selección de proveedores, mejora continua de producto, servicios y procesos, y orientan sus campañas publicitarias a la defensa del consumidor. Además, se constató que el trabajo de las empresas con la comunidad es el ámbito más conocido de la RSE.

México: dejando atrás la filantropía

La RSE nació como filantropía empresarial, es decir, se desarrolló en sus orígenes como una acción paternalista, otorgando donativos con escaso enfoque estratégico y control del uso de los recursos que se donaban. En la mayoría de los casos, las donaciones se otorgaban a instituciones en las que el fundador o el director ejecutivo tenía una relación de amistad o familiar con el dueño o director de la empresa.

En 1986 con la entrada de México al Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT), se inició un proceso de liberación sin precedentes. Hoy, el país tiene decenas de acuerdos comerciales con diferentes naciones, lo cual ha generado una gran presión competitiva y demanda de grupos de interés, que ha llevado al trabajo conjunto de los sectores público, privado y social.

Aunque en el país se reconoce que la RSE tiene cuatro líneas de acción: ética empresarial; cuidado y preservación del medio ambiente; calidad de vida en la empresa; y compromiso con la comunidad y su desarrollo; está muy arraigada la idea de que esta temática es equivalente a la vinculación y compromiso con la comunidad.

Exitosos empresarios participan activamente en la promoción de las actividades de filantropía y de RSE que se desarrollan en el país.

La inercia de la cultura estatista, protegida aún por numerosas normas, dificulta el flujo de recursos entre los sectores público y privado, complicando el desarrollo de una política social efectiva de asociación público-privada. En este sentido un mejor flujo de actividad e interacción en este campo depende de cambios relevantes en la legislación, por lo que el rol del gobierno cobra gran importancia.

La globalización de los mercados ha traído como consecuencia demandas de diferentes grupos de interés y una mayor competencia. Con el convencimiento de que así debe ser, un mayor número de empresas incorporan en sus operaciones prácticas de RSE. Algunas son empresas multinacionales que trasladan la cultura de sus casas matrices y las implementan en el país; otras son grandes empresas mexicanas. También, existen PyMEs, que por iniciativa propia o por necesidad implementan programas de RSE. Sin embargo, este sector, que representa más del 90% de las empresas en México, sigue constituyendo el gran reto para llevar las actividades de RSE a gran escala. En la actualidad universidades y otras organizaciones trabajan en el desarrollo de herramientas para la incorporación de la RSE en las PyMEs.
Pero aún no hay claridad respecto a qué significa y qué conlleva exactamente la RSE, por lo que quienes la practican actúan bajo diferentes interpretaciones. Quedan pendientes una serie de retos, principalmente la integración de la RSE a la estrategia general de la empresa, su institucionalización y su alineamiento.

Panamá: familiarizándose con el concepto RSE
El que la ONU haya considerado a Panamá como uno de los países para la promoción y desarrollo de la RSE, marca el inicio del camino hacia la adopción de esta temática. En 1999 se creó la Red del Pacto Global de Panamá, formada por representantes de empresa, gobierno y sociedad civil. Este movimiento y la experiencia de otros países latinoamericanos más avanzados en el desarrollo y adopción de prácticas socialmente responsables, han sido los principales impulsores para que representantes de cada uno de los sectores que componen la sociedad, comiencen a contribuir al desarrollo social y económico del país a través de la incorporación de iniciativas de RSE.

Si bien el concepto de RSE aún no está suficientemente compenetrado y es ajeno a gran parte de la población, el sistemático trabajo de instituciones nacionales dedicadas al tema, están logrando insertar gradualmente el concepto en el país. La sociedad ha comenzado a familiarizarse con la temática y a valorar las cualidades de quienes mantienen un compromiso con la comunidad, sobre una base de filantropía e inversión social.

El sector público ha realizando grandes esfuerzos para promover la RSE, pese a que la debilidad administrativa es una característica endémica del país. La iniciativa más visible en RSE, del sector gubernamental, es realizada por la Autoridad del Canal de Panamá (ACP) con el respaldo del trabajo voluntario de sus colaboradores. La ACP ha realizado actividades dirigidas a apoyar instituciones benéficas y centros escolares, apoyar a la niñez y a otros grupos vulnerables, promover valores éticos, morales y ambientales; pero lo más importante, a generar sinergia social.

Sin embargo, factores que aún están presentes en la cultura, como la condición de élite del empresariado, el fuerte sello de lugar de intercambio comercial más que de producción y la volatilidad de los capitales, son desafíos que deben ser considerados a la hora de plantearse el nuevo rol que este sector debe desempeñar en el fomento y desarrollo de la RSE en el país.

La sociedad civil puede motivar a que las empresas reconozcan la RSE como un elemento relacionado con la competitividad y a plantearse el desafío de avanzar hacia iniciativas más específicas, a partir de las capacidades y compromisos existentes. Bajo este contexto, este sector cumple un rol activo en la vinculación empresa comunidad, y en la promoción de la RSE.

Perú: incorporando un nuevo enfoque de negocios

Diversas investigaciones acerca de las tendencias de la RSE en Perú permiten comprobar el grado de avance que ha tenido el país respecto al desarrollo de la RSE. Sin embargo, también han dejado en evidencia que aún no es un tema institucionalizado y que en su mayoría existen organizaciones que se dedican a actividades exclusivamente asistencialistas y filantrópicas, pese a que algunas compañías nacionales han emprendido proyectos y estrategias de RSE desde una dimensión tanto interna como externa.

Algunos sectores de la ciudadanía se están involucrando en la RSE gradualmente, especialmente en la difusión a nivel empresarial.

Existen esfuerzos de la Asociación Peruana de Consumidores (ASPEC) para promover el consumo responsable, con la finalidad de que los consumidores adopten un criterio asociado a la RSE a la hora de adquirir los productos en el mercado.

La RSE está planteando nuevos retos al sistema legal, dado que sirve como instrumento para favorecer, estimular y promover condiciones para el desarrollo del país. Se ha dejado al descubierto que la RSE no debe ser regulada, sino promovida, ejemplo de ello es la oposición a la propuesta de una “Ley de RS” impulsada por el gobierno.

Las empresas peruanas están conscientes de que deben cumplir con todos los requerimientos que exige el Estado. Lo que aún no entienden es que la adopción de la RSE es voluntaria y va más allá del estricto cumplimiento de la ley; es así como algunas empresas grandes comprometidas con la temática realizan proyectos que de alguna u otra manera el Estado no puede desarrollar.

Investigaciones en las que se reconoce públicamente la gestión de algunas empresas en el ámbito de la RSE, han servido para motivarlas a mejorar sus niveles de competitividad en el tema e incentivar a otras empresas a realizar actividades similares.

Pero este comportamiento no es generalizado, existe un bajo nivel de inversión por parte de las organizaciones privadas en el desarrollo de actividades que promuevan la RSE, hay poco involucramiento de los trabajadores en actividades de carácter voluntario y ausencia de personal dedicado exclusivamente a los temas de RSE en la organización, todos desafíos que quedan para el futuro.

La sociedad civil y, principalmente, las ONGs se han transformado en impulsoras de la participación ciudadana en asuntos de interés social. La presión de estas entidades ha hecho que las actividades de algunas empresas sean cuestionadas, debido a la fuerza, poder de influencia y negociación que ejercen.

Uruguay: promoción y creciente adopción de la RSE

Desde hace muchos años las empresas han venido desarrollando diferentes acciones que hoy, a la luz de los nuevos conceptos, son consideradas iniciativas de RSE. El mayor impulso a la temática fue dado a principios del año 2000, a raíz de inquietudes de empresarios y en especial de la academia. Además, el contexto internacional ha llevado a que sea fuertemente promovida, principalmente porque la mayoría de las empresas internacionales que operan en el país desarrollan sus programas corporativos globales de RSE, dándoles un perfil local. Paralelamente, compañías que mantienen relaciones comerciales con mercados del exterior, han incorporado la RSE para mantenerlos.

Desde la óptica de los consumidores, la impresión más generalizada es que la RSE se refiere a un concepto filantrópico sobre la contribución de las empresas a la comunidad, y aunque existe un fuerte involucramiento en programas de apoyo comunitario impulsados por empresas, el desempeño responsable no es un factor crítico al momento de comprar. Sin embargo, estudios indican que esta situación está cambiando y que la ciudadanía tiene cada vez más una fuerte expectativa respecto a lo que las empresas pueden hacer en términos de RSE y pretenden que las mismas se involucren más allá de su rol tradicional.

Por otro lado, existe una opinión dividida sobre si el Estado debería regular la RSE, una leve minoría se muestra a favor de una regulación, mientras que la mayoría estima que puede implicar aumento de precios y desempleo. Pero lo cierto es que el Estado tiene un importante rol desde el punto de vista de generador de posibles políticas alineadas con la RSE así como también como responsable de las mayores empresas e instituciones del país. Si bien éste promueve prácticas de transparencia, cuidado del medio ambiente y programas de apoyo comunitario, no existe explícitamente ningún pronunciamiento en torno al tema de RSE.

Además, son muy limitados los incentivos tributarios para las empresas que se embarcan en programas de apoyo comunitario o de apoyo a fundaciones.

Un hito importante de destacar son los exitosos ejemplos de programas conjuntos, entre los sectores público y privado, que han logrado vencer la rigidez normativa y la fuerte burocracia del país.

En general, las empresas que se han involucrado con la RSE son aquellas que tienen una clara visión de largo plazo y sustentabilidad; han incorporado el concepto más amplio de stakeholder, dándole mucha importancia al relacionamiento e involucramiento con los mismos y en especial, al impacto que tienen en la comunidad. Estas empresas comprometidas con la RSE, tienen la convicción sobre los beneficios que la temática genera tanto para el negocio como para la sociedad, lo cual lleva a que no sólo se posicionen como líderes en la adopción de esta nueva forma de gestión, sino que trabajen activamente en su difusión y promoción, procurando involucrar al resto de la comunidad empresaria. Un claro ejemplo de los avances que la RSE está teniendo entre el sector empresario, es la aparición de los primeros Reportes de RSE.

En cuanto a la sociedad civil, numerosas organizaciones han comenzado a incursionar en la temática de la RSE con distintos propósitos: facilitar el relacionamiento ONG/sector privado, promover la incorporación de la RSE en nuevos y futuros emprendedores, canalizar acciones y programas de RSE por parte de las empresas, apoyar diversos programas de promoción de la RSE, y desarrollar distintos relevamientos de base sobre temas vinculados.

En términos generales, la aplicación de la RSE ha permitido que las empresas mejoren la relación con la comunidad, su imagen y las relaciones con sus grupos de interés. En particular algunas han podido optimizar el uso de recursos, reducir accidentes de trabajo y ausentismo, mejorar la relación con la comunidad y trabajadores y acceder a mercados más exigentes, a través de certificaciones externas.

Todo indica que la RSE tomará cada vez mayor fuerza en el país, en la medida que se pueda coordinar el “know-how de la empresa" y sus recursos con el “know-how social” del estado y la sociedad civil, para unificar el significado de la RSE y lograr una relación más efectiva entre los distintos sectores.

También es importante acercar la RSE a las PyMEs y elaborar herramientas que faciliten su incorporación en forma más integrada a la gestión, a las operaciones cotidianas e involucrando a toda la organización y no sólo a los niveles más altos.